domingo, 29 de abril de 2007

ALBERT BAYROU O FRANÇOIS RIVERA



El éxito "político" indudable que ha acompañado al fracaso "electoral" -porque ha quedado tercero de doce y no ha pasado a la segunda ronda de las elecciones presidenciales francesas- del político emergente centrista François Bayrou es la noticia de la semana no sólo en Francia sino en el resto de Europa, y muy especialmente en España.

Esta figura cívica y regeneracionista de la política francesa ha disputado el triunfo a los dos candidatos de los dos poderosos partidos franceses, auténticas máquinas electorales oligárquicas y sectarias, el liberal-conservador con Nicolas Sarkozy al frente y el socialdemócrata-posmoderno con la "zapatera" Ségolène Royal en cabeza, y ha arrasado al resto de oponentes, una pléyade de personajes pintorescos, momias del siglo XX, como el fascista Le Pen y la lista interminable de sectas comunistas -la ortodoxa, la trotskista obrera, la trotskista panadera, la trotskista nosequé- y seudo-ecologistas.

Los analistas hablan y no paran de la tercera Francia, del tercer partido, de la tercera vía entre la derecha más conservadora que liberal y la izquierda más posmoderna y relativista que socialdemócrata. Y sobre todo del componente cívico, regeneracionista, reformador y moderadamente liberal-progresista del "tercer hombre". Esa es la esencia del movimiento Bayrou, y hay que saber separar la categoría de la anécdota. La categoría es el centro progresista basado en las personas, en la regeneración política y en las necesidades de los ciudadanos. La anécdota es el componente inicialmente democristiano de su partido y de él mismo, frente al laicismo del PSF y el sello más liberal que confesional de la UMP. O el componente más abierto de cara a las regiones francesas frente al centralismo y nacionalismo francés tanto de Sarkozy como de Royal.

Por eso, porque el paisaje político francés no es exactamente el español, hay que saber ver por dónde puede emerger la tercera España, la tercera vía, el tercer partido, tan absolutamente necesario o más en nuestro país que en Francia, con dos partidos oligárquicos y sectarios enfrentados y monopolizando la política española. Con una izquierda todavía más posmoderna y relativista que la francesa, liderada por un Zapatero que ha unido su futuro a una alianza estratégica suicida con los partidos separatistas periféricos, incluyendo una negociación con la facción terrorista de ellos. Y con una derecha más confesional que liberal, agarrada a la reivindicación retórica de la unidad española mientras promueve estatutos estrafalarios en Valencia, Andalucía o Galicia, se arrodilla ante el nacionalismo catalán, o se acuesta directamente con su enemigo en Baleares.

Por eso aquí el tercer partido emergente ha de tener la misma esencia que en Francia, el posicionamiento de centro progresista, el regeneracionismo frente a las oligarquías partidistas, la reforma política de la ley electoral y de la Constitución, el foco en el ciudadano para defender la libertad, la igualdad y la solidaridad. Y como aditivos propios de la situación española, la firme defensa de la igualdad de todos los españoles ante la ley, blindando al Estado frente a la rapiña y el bandidaje de los nacionalistas y regionalistas, la deriva confederalista del PSOE y el derrapaje neocedista del PP. Y por supuesto, la gran necesidad de las Cortes españolas: que cuando la derecha o la izquierda deban pactar con otra fuerza política para alcanzar el gobierno de España no se tengan que prostituir alquilando su programa a los separatistas, sino que exista un partido en medio, de carácter nacional, que permita gobernar al que haya sacado más votos de los dos, manteniendo la vertebración de la ciudadanía española y moderando su carácter extremista de uno u otro signo.

Afortunadamente, parece que no será necesario esperar a que el viento regeneracionista francés alcance nuestras tierras. Ese tercer partido tan necesario ya existe, nació en Cataluña y se está implantando en toda España. Se llama Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía. Y tiene un presidente, que creo que se llama François Rivera. ¿O es Albert Bayrou?

domingo, 1 de abril de 2007

ESPERANZA PARA BARCELONA

El esperpento vivido esta semana en la Cataluña oficial, es decir, en la Cataluña política e institucional que, como demostró el patético referéndum de altísima abstención del nuevo estatuto autonómico, nada tiene que ver con la Cataluña real, la Cataluña de los ciudadanos, ha sido de los que hacen historia.

Cuatro meses ha durado a Montilla el pacto con sus aliados de Esquerra Republicana, sólo cuatro meses, después de haber jurado los independentistas que esta vez el tripartito-2 no iba a ser un vodevil constante como fue el presidido por Maragall. Esa voluntad la manifestaban llamando al tripartito 2.0 "entesa catalana de progrés" o algo parecido, y poniéndose como unos energúmenos si lo llamabas tripartito.

Pues el tripartito -lo siento pero es costumbre muy sana llamar a las cosas por su nombre- ha saltado por los aires con la ocurrencia de un referéndum ilegal para la independencia de esa mítica nación catalana que quieren construir y que por lo tanto no existe, ocurrencia que brotaba como un eructo el domingo pasado en una calçotada y que era fruto probablemente de los ricos caldos que el ex terrorista de Terra Lliure y diputado de ERC Xavier Vendrell había tomado para digerir la pesada ingesta de calçots y su estupenda pero contundente salsa acompañante.

Ahora bien, lo más grave para la democracia española y por tanto para la catalana no ha sido que la extremista ERC, movilizada por la inminencia de las elecciones municipales, haya llevado semejante majadería política al parlament para ser debatida y votada. Lo gravísimo es que la federación de CiU que algunos llaman nacionalista moderada haya exhibido también su vistoso plumaje y su galanteo histriónico de macho en celo y haya realizado otra propuesta de referéndum independentista, tan ilegal como el de Esquerra.

En el patético debate para la ilegal e irreal independencia, entre los extremistas nacionalistas y los "cornudos apaleados" del PSC e ICV, tan sólo dos partidos han dado la talla de fuerzas democráticas y sensatas: el PPC y Ciutadans. Todos los demás, el famoso PUC o Partido Unificado Catalán ha hundido a la Cataluña oficial en una ciénaga política de negras consecuencias para los ciudadanos, a los que traen sin cuidado estas estupideces identitarias, pero preocupan asuntos como la vivienda, la inseguridad, el transporte público y tantos otros.

Confiemos en que estos dos partidos consigan atraer al renuente electorado catalán en las elecciones que vienen, especialmente ese fenómeno político emergente que es C's, esa izquierda liberal y posnacionalista que dio la sorpresa en las autonómicas, y que acaba de presentar a una joven ciudadana, Esperanza García, como alcaldable para la ciudad de Barcelona. Pocas dudas caben de que esta mujer será concejal, pero resultará interesante saber cuántos compañeros de partido le acompañarán en el consistorio de la ciudad Condal, si el ex socialista Villacorta será uno de ellos, y si podrán decidir con su voto el color de la alcaldía.

Esperanza para Barcelona. Salud, ciudadana.